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PUBLICACIÓN DE INTERÉS

Colección de artículos propios y externos.
19 Sep 2020

¿Qué es ser hombre?

Por Juan Varela

Los roles tradicionales de masculinidad están en crisis. El concepto rancio del superhombre que todo lo puede profesional, económica, y sexualmente se desmoronó ya hace tiempo, alentado en su caída por el avance de las mujeres en los distintos ámbitos que antes estaban reservados sólo para los hombres. Ante todo esto, el mundo masculino se derrumba intentando reubicarse en el nuevo escenario social con cambios demasiado rápidos. Frente a este panorama repetimos la pregunta del millón: ¿Qué significa ser hombre hoy?

Esta es la pregunta planteada y el reto al que nos enfrentamos. La imagen del hombre y su identidad como varón han sufrido un desgaste histórico. La pérdida de identidad y por lo tanto de autoridad, ha sumido al hombre en una desorientación tal, que le ha incapacitado para cumplir con sus roles, convirtiéndole a lo largo de todo un proceso, en una triste caricatura del modelo que Dios planeó.

Aun antes de que la caduca posmodernidad invadiera el escenario como la nueva cosmovisión del mundo, Brannon y David (1976) aislaron para aquellos tiempos lo que serían 4 rasgos característicos de la masculinidad  negativa, que ya eran preludio de la crisis de la masculinidad que se avecinaba. En realidad el mismo ADN, como un virus resistente,  siguió desarrollándose hasta hace bien poco, y en muchos casos sigue compitiendo con las nuevas formas de entender la masculinidad. Dichas características son las siguientes:

  1. La masculinidad consiste en el repudio de lo femenino.
  2. La masculinidad es evaluada por la riqueza, el poder y el status social.
  3. La masculinidad requiere la impenetrabilidad de las emociones.
  4. La masculinidad exige destacar, ser agresivo, y realizar acciones arriesgadas en nuestra sociedad

Hay un «código varonil» aprendido que tiene que ver con esto y que lo único que consigue es castrar la auténtica masculinidad perpetuando en muchos hombres un modelo inmaduro y desconectado de su realidad. Este es el concepto de macho que ha permanecido hasta la década de los 80 y que con la posmodernidad ha ido dando paso a su modelo antagonista, el hombre ligth,  pasivizado y feminizado, del que podemos hablar en otro momento.

¿Es el hombre una especie en peligro de extinción?, ¿Es la distinción de géneros una construcción social destinada a mantener la hegemonía del macho?  Se trata de un ataque sistemático desde distintos frentes: los colectivos feministas radicales, los colectivos homosexuales, la ideología de género,  la ruptura con modelos caducos que ya no sirven. Todo ello está provocando una  profunda desorientación, una grave crisis de identidad en el hombre.  ¿Qué es ser hombre hoy en día? , ¿Es acaso feminizarse?   Hace 30 años para ser hombre, uno tenía que tener pelo en el pecho, un cigarrillo en la comisura de sus labios como prolongación constante de sí mismo, una poblada barba, y una cerveza o whisky en su mano. 

Por contra, hoy el ideal de hombre es el modelo heterogay y metrosexual, sin un ápice de pelo en ninguna parte del cuerpo. Se trata del nuevo «varón dandy»[1] que se hace la manicura, utiliza crema hidratante y exfoliante, perfumes de diseño, y ropa interior de Calvin  Klein. Es el mundo al revés[2]. El hombre se feminiza, y la mujer se masculiniza asumiendo por desgracia, la parte machista y hegemónica del sexo masculino. Pero ya que hablamos de la mujer, un pequeño apunte para aclarar algo importante. Cuando escribimos un artículo para varones, no es que pretendamos ignorar a las mujeres y establecer algún tipo de rivalidad de género. No,  muy al contrario, estamos convencidos de que cuando el hombre reubique su papel y entienda su propósito, serán las mujeres quienes recuperen su lugar en posición, honor y dignidad.

Dios crea al hombre de la tierra, del polvo de la tierra, dotándole de su propia imagen y semejanza, mientras que la mujer es creada del varón.  «Tierra y carne» marcan ya desde el principio una impronta bien diferente en cada uno, que podríamos resumir en esta frase: «El hogar del hombre es el mundo, mientras que el mundo de la mujer es el hogar».  Adán significa tierra roja, pues el hombre, al ser creado del polvo,  comparte los mismos elementos químicos que la tierra (oxígeno, carbono e hidrógeno). Es por ello que el hombre está más ligado a la naturaleza, a su latido vital y ancestral, a los pulsos de la tierra, y al espíritu de conquista del que hacíamos mención al principio. Adán fue formado de la tierra y Eva fue formada de la propia persona de Adán. Ella de su carne, y por tanto relacional y cercana, él, de la tierra, y por tanto indómito y salvaje. Por eso en la experiencia de la paternidad, la madre retiene  (el hogar) y el padre envía (el mundo). Ella es la seguridad del hogar para sus hijos, mientras que el padre es el puente que les conecta con el reto del mundo exterior. El diseño revela el destino.

El mandato cultural pronunciado por Dios en Gn.1:22 deja claro que el primer encargo que Dios le da al hombre y a la mujer es un llamado a la conquista, a la aventura “fructificad y multiplicaos, llenad la tierra y administradla».  El llamado es a los dos, es un llamado a la familia, pero cada uno responde desde su naturaleza primigenia: Adán que es tomado de la tierra, por tanto de la naturaleza, es el encargado de conquistar, luchar, dominar el medio. Eva que es tomada de Adán, de su carne, por tanto de lo humano y relacional, es la encargada de la seguridad del hogar, de lo relacional, de lo afectivo. El, del continente, ella del contenido. La necesidad de conquista y la necesidad del hogar, «raíces y alas» son energías ancestrales ancladas en el alma de cada hombre y de cada mujer. No las podemos negar, porque en su complementariedad, conforman la estabilidad de la estructura familiar. 

[1] Perfume, o más bien colonia para hombres,  muy popular en los setenta.[2] Quede claro que no aprobamos ninguno de los dos modelos

Autor: Juan Varela es Diplomado en Teología por el IBSTE en España y licenciado por el SETEHO en Honduras. Cursó estudios de postgrado en Intervención Familiar Sistémica en el «Centro KINE», en Intervención en los Trastornos Sexuales en el «Centro Carpe Diem» y de Mediación Familiar en la Universidad de Sevilla.

Ha ejercido como pastor en Palma de Mallorca, co-pastor en Zaragoza, y misionero en Honduras. Fundador y Director Nacional del Instituto de Formación Familiar y Presidente del Centro de Orientación y Mediación Familiar COMEFA en Sevilla. Director en España (2007-2011) del programa De Familia a Familia de AGAPE. Ha escrito y publicado diversos libros y es conferenciante y colaborador habitual sobre temas de familia de diversas publicaciones en España, Latinoamérica y los Estados Unidos.

Imagen: Foto de Almos Bechtold en Unsplash