Los viejos mitos siguen sonando con fuerza: los hombres siempre tienen ganas, siempre están dispuestos y siempre son ellos los que empiezan seduciendo. Sin embargo, según avanzan las investigaciones científicas, a la par que la propia realidad, estas ideas empiezan a desplomarse con fuerza. El bajo deseo sexual es una disfunción que afecta tanto a hombres como a mujeres, a pesar de que sean ellas quienes tengan la fama.
 
Según diferentes estudios, la prevalencia europea de esta alteración en mujeres es de un 30%. En hombres, según datos generales -no europeos-, está entre un 5% y un 15%. El bajo deseo sexual en varones existe, y cada vez más. Una investigación, publicada en 2013 en la revista científica 'The Journal Sexual of Medicine', mostraba resultados llamativos. Tras preguntar por internet a más de 5.000 hombres heterosexuales de tres países (Portugal, Croacia y Noruega), se confirmaba cómo después del estrés y del cansancio, los problemas de pareja eran la causa más frecuente detrás del bajo deseo.
 
Sin embargo, los especialistas destacan otro motivo, y para ellos de los más importantes, que se vincula con la falta de deseo en los hombres y que es el cambio en la posición de la mujer en cuanto al sexo. Hace años la mujer en las relaciones sexuales se comportaba como un sujeto pasivo, ahora las cosas han cambiado, y mucho, lo que influye directamente en el comportamiento del hombre.
 
De este forma lo explica a EL MUNDO Antonio Bolinches, psicólogo, especialista en terapia de pareja y autor de diversos libros sobre el tema como Sexo sabio o Amor al segundo intento: "Cuando antes la mujer estaba sexualmente al servicio del hombre, éste no sentía la necesidad de estar a la altura. Sin embargo, y desde hace décadas, desde que la mujer reivindicó su propio placer y satisfacción sexual, el hombre tiene miedo de no estar a la altura. Se preocupa de hacerla disfrutar. Esto es, para los hombres no se trata sólo de disfrutar ellos sino de hacer disfrutar a ellas".
 
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Según este profesional, que también analizó estos cambios en el último Congreso español de Sexología y VI Encuentro Iberoamericano de Profesionales de Sexología (celebrado el pasado noviembre en Córdoba), se trata de una inhibición psicológica o de deseo. Es decir, se trata de estar sólo ante al peligro, lo que se produce como consecuencia del desarrollo sexual de la mujer. "Cuando el hombre ve en la mujer que le gusta mucho, que además aparenta ser una mujer segura y cuando la considera muy atractiva, en este caso, mayor será aún su síndrome de miedo al desempeño", detalla Bolinches.
 
Mala adaptación a los cambios
 
Los factores que pueden desencadenar esta disfunción sexual son varios: estrés, depresión, problemas de tipo hormonal o incluso como causa desencadenada de la disfunción eréctil (DE), trastorno que afecta en España a más de dos millones de hombres. El bajo deseo sexual en varones suele aumentar con la edad y con frecuencia acompaña también a otros trastornos sexuales.
 
Según detalla la doctora Francisca Molero, directora de Instituto de Sexología de Barcelona, los hombres con disfunción eréctil pueden experimentar pérdida de la libido como consecuencia secundaria. Pero esto, generalmente, se determina a partir de una historia sexual detallada, incluyendo la cronología de la enfermedad. Sin embargo, la mayoría de los pacientes que se quejan de impotencia no se quejan de la disminución de la libido o deseo sexual. Es por ello que los factores psicológicos toman un papel muy destacado. Y de nuevo, el cambio social de las mujeres tiene mucho que ver.
 
"El cambio sustantivo de esta dificultad sexual masculina aparece como consecuencia de una mala adaptación al cambio en el rol sexual femenino que tuvo lugar en la llamada revolución sexual femenina", afirma José Bustamante, psicólogo, experto de parejas y autor del famoso libro ¿En qué piensan los hombres?. La mujer, explica el experto, pasa de vivir el sexo como una fuente de recompensa y castigo a la pareja, como una manera de cumplir con sus obligaciones, a descubrir la sexualidad como un derecho propio: La mujer desea por supuesto, pero es que además ahora se lo puede permitir y si le apetece ya no tiene porque esperar sentada a que él de el paso. Estos cambios, insiste Bustamante, a todas luces positivos, le han supuesto a muchos hombres un reto de adaptación. Por eso, y tal como comentaba a este periódico hace casi dos años: "Los hombres necesitan hacer su propia revolución sexual".
 
Pero también puede incluso suceder lo contrario. El tener que tomar siempre la iniciativa puede ser motivo de cansancio. Ellos también "quieren ser deseados y que se les busque", añade Molero. Otro de los peligros de esta disfunción es la similitud entre las personas. Hay parejas que son tan parecidas y hacen cosas tan similares, que pierden la empatía y la atracción sexual, y por ende el deseo hacia el otro. "Somos iguales pero diferentes, y eso es importante", afirma.
 
Un factor relevante es también la repercusión de la disfunción. Se vive mucho peor que el hombre tenga este problema que quien lo sufra sea la mujer. Y esto corresponde de nuevo, y según opina la doctora Molero, a la mala adaptación de los cambios sociales: "Se sigue teniendo la idea de que el hombre siempre está dispuesto, y si no es así es porque no hay atracción, sin contemplar otros factores externos que muchas veces son determinantes". Cada vez son más las parejas que acuden a consulta por problemas relacionados con el deseo de él. Muchas veces, el motivo principal de consulta es una disfunción eréctil pero al profundizar, confiesa Bustamante, se descubre que lo sucede en realidad es que él se fuerza a tener sexo sin tener ganas, y eso, al final, acaba por pasar factura.
 
Es importante tomar una actitud activa en el problema y no sentirlo como el mayor de los problemas. Es una disfunción que se puede tratar. Además, apunta Molero, muchas veces el bajo deseo sexual es con la actividad compartida y no con la masturbación. Por ello, es importante, trabajar fantasías y estimulaciones eróticas, dedicar tiempo a recuperar la atracción erótica y el placer compartido.
 
BEATRIZ G. PORTALATÍN
EL MUNDO